jueves, 11 de febrero de 2010

La primera copa de vino

Imagínate ser yo: un mortal. Me encuentro entre muros, con olas de un océano desconocido subiendo mi marea, llenándome de ira. —Hoy hay luna llena—.

Deseo volar, visitarte y refundir el agua salada con nuestro sudor, permitiendo de este modo, a los niños de mi infancia, nadar en el vivo calor de nuestro amor y no obligarlos, sin opción alguna, a atragantarse con la muerta superioridad de un dios como Poseidón.

Imagínate ser yo: un mortal. Siempre viviendo con miedo, atemorizado por el castigo de mi deidad.

Esta misma (hace pocos días (nadie lo sabe (ni siquiera tú))) me regaló —obviamente bajo advertencia— esa juventud que irresponsablemente una madrugada de locos y vino ignoré.

¿Pero cómo volvió a mí ese tesoro que deseché por vergüenza? —Fácil—. Dios simplemente dejó a la vista el haz que se encuentra entre sus dedos y mi ombligo con el objetivo de iluminar su camino hacia el hogar de un amigo en común: Satán.

Después de chacharear entre fuego y aire, mis dos buenos amigos divinos llegaron a un acuerdo con ayuda de mi destino y mi debilidad: el pecado.

Unos días después (hoy) ya se había solucionado todo, pero ¿recuerdas mi mortalidad? —Espero que sí—, pues he ahí la cuna de mis problemas.

Ahora corre la sangre, pero no todo es felicidad. Debido a mis errores sigo preso, y ahora mi sentencia es la amistad con siete capitales que —clandestinamente— suponen pagar el favor.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Sueño de medio día del 7 de septiembre del 2025

Comenzó en unas cabinas de internet. Blancas, grandes, cerradas, con ventanas pequeñas en cada pared. Sentí vergüenza por haberme masturbado...