
Volver a acostarme sin deseos,
volver a querer no levantarme.
¡No!, no lo voy a permitir,
beberé y beberé sin sed
para que el acto de reposo sea inconsciente
y recién mañana acostarme,
otra vez sin sueños.
Esperanza, esperanza, la gran esperanza
de que toda esta estupidez acabe mañana,
y que sea feliz y que sonría y que folle
como debería de ser, como se supone es.
Otra vez no por favor, otra vez no.
¿Y ahora qué?, pregunta contestada,
ahora quiero el —ya lo sé—.
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