Al comienzo la enfermedad facilita,
la garganta raspada acolitaba:
Cada paso era más fluido que el anterior
y mi mente positivamente distraída.
Pasaban los días como semanas
—Entro a la tienda sin recordar la polución—
Respiro, sonrío, camino, presumo
y medito y reflexiono: peripatéticos.
Los fantasmas en el cementerio,
las balas rotan con dificultad.
¿Desde cuándo eres tan fuerte?
—No lo dejo, solo socializo.—
La auto-confianza mató al león;
tan ansioso como una mosca;
con ausencia del carácter elefantesco;
conteniéndome en honor al ornitorrinco.
Mi amor de gato; soy un ave sensual
¡No importa!, Ni siquiera tu orgullo, jirafa.
Ahora mis manos tiemblan más,
ya no hay más tranquilidad y
efectivamente falta el elefante.
Espero que el león muestre su fuerza,
y con humo bendito logre combatir.
Elevación divina vs Placer terrenal
[Crece la mente — Muere el cuerpo]
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