
Ahora la moda es ser maricón,
y los hombres ya no sudan,
ya no cazan ni comen animales.
Ahora es un mundo afeminado,
las mujeres lloran, los hombres también
y todos fornican con todos.
Ahora le quitamos la autoridad a Dios,
nosotros elegimos qué somos o qué no,
—qué bien—, lo que no se pensó:
todos querían ser mujeres y dar vida.
Ahora todos tienen piel de bebé,
todos se maquillan
y asfixian su escasa musculatura
entre delgadas telas
de ropa invisible
para resaltar la a-masculinidad.
Ahora no hay penes ni vaginas,
ya no hay amor, parecen consoladores
o profesionales de la prostitución gratuita, que no gozan de la reproducción, solo del sexo,
con quien sea, donde sea, con lo que sea;
todos bien peinaditos y oliendo rico.
Ahora da miedo tener amigos,
no sabes quién te quiere follar,
no sabes cuántos sexos se paran
y cuántos se mojan:
Ahora todos son kinder sorpresa,
no sabes qué viene
hasta que se desnuda el huevo
y toca comer el chocolate
negro y/o blanco.
Ahora me siento único
entre tanta mujer
y cuasi-mujer.
Ahora me siento varonil,
sucio y fuerte y orgulloso
rudo, exagerado, protector.
Ahora ya no se cuida a la mujer,
ni la mujer cuida al hombre.
Ahora todos se protegen juntos,
en orgía,
del sida.
...y Ahora me cago en los condones
promotores del sexo ciego,
del placer exagerado
en cuanto al vacío que se come
el romance astrológico de Romeo y Julieta,
representaciones de Sol y Luna.
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