
Qué increíble momento,
qué excitada exaltación produjiste.
Solo con un ojo,
solo con sombra e iluminación.
Tan común como ser rutinario,
tan biológico como la fecundación;
solo con un ojo,
sin saberlo, sin querer
—Qué increíble—.
La dilatación de esa pupila
atrapada entre tanto iris único,
propio de una princesa,
sensual como la Eva de Jehová.
Qué hermoso momento,
qué linda luna guardas Luna,
qué hermosas raíces te esposan
qué magnífico ojo.
—¡Vi cómo se dilataba tu ojo!—
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