domingo, 29 de mayo de 2011

Jueputa

Jueputa

Puta madre,
¡Hijo de puta!
Malditos ociosos,
niños adinerados,
consumistas del no-hacer.
—¡Me cago en la censura!—
Me cago en esta gente
ociosa de pensamiento.

Hoy y Sol

“Wake up on the bright side”
hoy no estoy atornillado;
hoy estoy liviano frente al muro,
no en él.

El gran día de hoy,
el sol salió radiante tras mil nubes,
iluminó esplendoroso la espalda
de dos tumultos grises:
¡Oh! Gran día, qué feliz estoy.

—No se encuentra una salida—,
todos dicen que hay que movernos.
—Soy consciente—.

Quieren que seamos conscientes,
pero hoy no estoy saltando a ritmo,
hoy estoy muy feliz.

—¡Fuma, fuma, fuma!—,
Uf, qué rico.
—¡Camina, camina, camina!—
Uf, qué rico.

Hoy estoy motivado
a ser más que un producto.

domingo, 22 de mayo de 2011

La curiosidad mató al gato

—Papá, recuerdas lo que me dijiste aquella vez… —Dijo Domenica ya en su hogar con timidez.

—¿Qué te dije?

—Lo de los gatos… —Bajó la mirada y dijo en voz aún más baja— lo de los gatos curiosos.

—Ah, lo recuerdo —puso una cara molestamente engreídora y preguntó con voz amorosa— ¿Has estado metiendo las narices donde nadie te lo pidió?

—No papá, —La mandíbula le temblaba de inocencia— solo quería saber si era verdad que por curiosos es que ya no hay gatos en el pueblo, ¿realmente eso los mató?

El señor alto y con rasgos marcados y atractivos le respondió —A nadie le gusta los curiosos, por eso en nuestra comunidad hay perros en vez de gatos, ellos entienden lo incómodo que es que lo anden a uno curioseando y ellos los mataron.

—Y si yo he sido curiosa, ¿también me matarán los perros?

—A ti nadie te matará, tú eres la reina de este lugar, simplemente anda con cautela y escondida cuando la curiosidad te ataque para que no te vean las narices.

—¿Por qué solo esconder mi nariz?, es muy pequeña —aclaró—

—Porque cuando andas por ahí de chismosa tu nariz te delata, ya que sin importar la posición del resto de tu cuerpo ella siempre apuntará a tu objetivo de interés, dejando en estado obvio tus intenciones… —Echó a reír y cerró la conversación con las últimas tres palabras— intenciones de curiosa.

Domenica tomó aire, dio media vuelta y se dirigió a su habitación segura de que nunca más querría entremeterse en asuntos que no eran de su incumbencia ya que no se imaginaba terminar como los pobres gatos.

Convencimientos

—Pero Joaquín, cómo cree usted que después de los inconvenientes pasados tomaré el riesgo de nuevo —reclamaba Serafina con el sudor cosquillándole el rostro— es muy peligroso.

—El peligro es una alternativa que todos debemos elegir alguna vez en nuestras vidas, ¿verdad Joaquín?

—Así es hijo mío. —Volteó su rostro de nuevo hacia el de Serafina— El dolor es imprescindible en nuestro existencialismo humano, sin él siquiera podríamos saber si seguimos vivos.

—Pero, pero…

Y la discusión entre Joaquín y sus dos hijos continuó durante horas, argumentos y falacias, el hombre contra la mujer, la autoridad brindada por el reconocimiento de haber sobrevivido más años que sus hijos contra la sed joven de querer vivir y aprender a cuesta propia; todo era caos por la maldita piedra azul.

—¡Quieres olvidarte quien es tu padre, tu hermano, tu madre que en paz descanse y de tu vida!, ¡haz lo que se te dé la gana! —Empezó a gritar Joaquín cuando ya la luna empezaba a desaparecer, para que el sol protagonizara en la mitad del mundo—.

—Pero papá, la piedra me hace feliz, me quita mis miedos e inseguridades, me transforma en una persona valiente y despreocupada.

—Serafina, tú estás jugando con las herramientas del demonio, y mientras sigas llevando esa piedra contigo el diablo seguirá conquistándote…

—Entonces no es tan malo —interrumpió—.

—¡Te vas a ir al infierno!, cómo vas a decir que el malvado “no es tan malo” hermana mía.

—Hijo, cállate. Tu hermana está cegada. Los placeres del demonio abrazan a cualquiera muy fácilmente, pero Serafina no olvides algo, “Él” siempre quiere algo a cambio, siempre.

—Y “Él” qué va a querer de una pobre campesina que lo único que sabe hacer es coser y es lo que está destinada a hacer para siempre —Serafina cogió la roca, y la posó sobre su labio inferior— ¡Nada! ¡Nada puede querer de mí! —Abrió la boca con un gran “a” y se tragó la piedra azul—.

Joaquín cayó en llanto porque sabía que la mirada de Serafina había quedado completamente vacía para siempre, y dijo mordiéndose la boca: —Tu alma hija mía, tu alma.

Pre-Exposición Retrospectiva

Era 1989, y la ciudad de Stuttgart en Alemania se preparaba para recibir la gran exposición retrospectiva donde el gran Dalí presentaría algunas de sus obras maestras.

María no podía perderse esta oportunidad de ir a ver su amante y héroe que visitaba su ciudad; ¿Pero cómo?, cómo podría María obtener el dinero para asistir a este gran evento y de manera presentable; —imposible— pensaba ella. Su cabeza se veía consumida en pensamientos de fantasía y depresión. La imaginación de la inocente doncella empezó a crear cuentos con un príncipe anarquista que se veían derrumbadas en el momento del beso por su misma relación con la monarquía.

Moscas más limpias que la gente,
bigotes de naturaleza florida y colores reales
esa cabeza que atrae por algo más que su pelo,
y una capa que lo eleva al cielo cuando autoridades
buscan recuperar la imagen del mundo actual.

Oh, Dalí.
Tu dinero, tu caballerosidad, tu arte es la puerta
no solo a un mundo, sino a nuestro mundo.
Oh, respetable señor,
El viento que lleva las moscas de praderas in-humanas
quiero que golpee mis labios contemporáneos a los tuyos,
quiero pasar moscas de boca en boca y con tu pincel
de pronto pintar mi desnudez con un poco de ropa, tiempo,
un elefante, tu belleza y el signo del dólar en el precio.

Oh, Dalí,
Ser eterno, que vives en mi memoria,
hoy vivo y mañana muerto.

Melodía que acompañaba de fondo las fantasías de María, mientras su vagina se humedecía tanto que su ropa se desvaneció en los minutos de orgasmos, y convocó a Dalí con piel desnuda y algo más que las puertas de su mente abiertas.

Los amantes de María

Para María su mayor amor era el dinero, lo único que amaba más que al dinero era a Dalí; al igual que Dalí amaba más a su esposa Gala, que a su madre, que a su padre, que a Picasso y que al dinero; declarado por el mismo Dalí.

Sus ojos

Sus ojos

Ojos completamente negros, mirada perdida e irreconocible de deducir. Dos puertas que se mantienen cerradas a sus conocidos patológicos pero abiertas a los paisajes de dos mundos: el común y el surreal.