—Pero Joaquín, cómo cree usted que después de los inconvenientes pasados tomaré el riesgo de nuevo —reclamaba Serafina con el sudor cosquillándole el rostro— es muy peligroso.
—El peligro es una alternativa que todos debemos elegir alguna vez en nuestras vidas, ¿verdad Joaquín?
—Así es hijo mío. —Volteó su rostro de nuevo hacia el de Serafina— El dolor es imprescindible en nuestro existencialismo humano, sin él siquiera podríamos saber si seguimos vivos.
—Pero, pero…
Y la discusión entre Joaquín y sus dos hijos continuó durante horas, argumentos y falacias, el hombre contra la mujer, la autoridad brindada por el reconocimiento de haber sobrevivido más años que sus hijos contra la sed joven de querer vivir y aprender a cuesta propia; todo era caos por la maldita piedra azul.
—¡Quieres olvidarte quien es tu padre, tu hermano, tu madre que en paz descanse y de tu vida!, ¡haz lo que se te dé la gana! —Empezó a gritar Joaquín cuando ya la luna empezaba a desaparecer, para que el sol protagonizara en la mitad del mundo—.
—Pero papá, la piedra me hace feliz, me quita mis miedos e inseguridades, me transforma en una persona valiente y despreocupada.
—Serafina, tú estás jugando con las herramientas del demonio, y mientras sigas llevando esa piedra contigo el diablo seguirá conquistándote…
—Entonces no es tan malo —interrumpió—.
—¡Te vas a ir al infierno!, cómo vas a decir que el malvado “no es tan malo” hermana mía.
—Hijo, cállate. Tu hermana está cegada. Los placeres del demonio abrazan a cualquiera muy fácilmente, pero Serafina no olvides algo, “Él” siempre quiere algo a cambio, siempre.
—Y “Él” qué va a querer de una pobre campesina que lo único que sabe hacer es coser y es lo que está destinada a hacer para siempre —Serafina cogió la roca, y la posó sobre su labio inferior— ¡Nada! ¡Nada puede querer de mí! —Abrió la boca con un gran “a” y se tragó la piedra azul—.
Joaquín cayó en llanto porque sabía que la mirada de Serafina había quedado completamente vacía para siempre, y dijo mordiéndose la boca: —Tu alma hija mía, tu alma.