lunes, 10 de mayo de 2010

Cegues divina

Cegues divina

Juan el ciego quería ir al colegio, pero su madre no se lo permitía y su único argumento era el temor. Juan lloró y lloró; Juan rogó y rogó; y Juan lo logró.

Juan lleno de felicidad corría impulsado con su vara llena de oscuridad a su primer día de colegio. Juan suspendido en una nube de frenesí se sentó en el banco de la educación; Juan se encontraba en el cielo. ¡Riiin! Sonó el timbre y una fiesta de mariposas pasó a la pista de baile dentro de su estómago; Juan sintió conexión divina. – Ja ja, se escucharon burlas en todo el salón - ¡Un ciego! ¡Un ciego! Era lo único que se entendía entre asesinas palabras de humillación.

Juan regresó con su madre y le pidió por favor lo envíe a un colegio para ciegos; su madre aceptó.

Ahí se encontraba Juan, sentado y lleno de nervios en el asiento de su nuevo colegio. ¡Riiin! Sonó el renovado timbre y Juan escuchó los pasos de sus nuevos compañeros, todo permanecía en calma. – Chicos, tenemos un nuevo compañero, por favor preséntate Juan. Dijo el profesor. – Eh, eh, soy Juan, respondió entre terror. – Este es tímido, nació en forma de susurro en el salón; - Ja ja, comenzaron las burlas de nuevo y lo único que se escuchaba eran sicarios afilando el hacha de la frivolidad.

Juan regresó con su madre y le agradeció por haberle dado la oportunidad de ver el mundo. Juan caminó a su cuarto y entre ideas abstractas decidió migrar a un lugar donde las almas tengan amor y todos vean igualdad y admiren la diferencia. Su madre entre llantos lo despidió y en su cuarto una nota halló:

Madre, te abandono porque cometí un error. Madre, tú me creaste perfecto y el mundo lo envidió tanto que se mostró ante mí. Te quiero, y espero que nunca veas como yo lo hice.

-Juan.

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