Mente adolorida y corazón empedernido son los dos ingredientes para crear mi decadente frenesí.
Indiferencia y frivolidad son los adjetivos del chef de mi esencia.
Canto y exterminación de tristeza es la cocina de mi inamueblada propiedad.
Crueldad cómoda es el sabor que envidia mi delicia.
Y tangibles sombras son las catadoras de mi existente pero intangible amor.
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Comenzó en unas cabinas de internet. Blancas, grandes, cerradas, con ventanas pequeñas en cada pared. Sentí vergüenza por haberme masturbado...
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El carbón arde como carbón, y mi mente no puede tolerarlo. Brilla el brillo del brillante entre sus brillos, y yo simplemente quiero desa...
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Lo más importante para mí hoy es organizar mi mente. "Cada acción de orden afuera, es orden adentro." Me regalo calma. Elijo CLAR...
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No solo la tranquilidad viene conmigo; también viene lo clásico. Sentir cómo solo el ruido penetra en mis oídos y, mágicamente, mis neuro...
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—¿Quién lo mató? —caen mis lágrimas—, ¿la mujer que le dio su adicción, o la adicción que lo unió a su amor? Creo que la adicción lo hizo...
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Intolerable cansancio, sueño fantasma, ojos agonizantes; mente decepcionada. Daniel, levanta el alma, lucha contra la muerte, lucha contra...
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Todo el mundo siempre me pregunta cómo vivir eternamente, y, con franqueza, siempre muevo la cabeza en negación. Yo tengo un secreto de l...
lunes, 10 de mayo de 2010
La viva realidad

En una gran ciudad que se encontraba en la parte noroeste del hemisferio, entre los océanos Pacífico y Atlántico vivía un viejo científico que por acto de irresponsabilidad convirtió a todos en zombies, menos a uno.
El señor político se encontraba en su casa. Tras sentir un leve temblor se asomó por la ventana y vio que las calles estaban infestadas de muertos vivientes. Entró en pánico, cogió su arma y salió a aniquilar a los invasores. Los mató a todos, solo faltaba el zombie más viejo de todos. Lo buscó, lo encontró y un segundo antes de activar el arma el zombie entre lágrimas dijo sus últimas palabras:
Maté a todos para poder vivir en igualdad y en armonía pero me he dado cuenta que el ser humano es incambiable… La busca de diferencias siempre será el último en apretar el gatillo.
La bala mató al vivo muerto.
Cegues divina

Juan el ciego quería ir al colegio, pero su madre no se lo permitía y su único argumento era el temor. Juan lloró y lloró; Juan rogó y rogó; y Juan lo logró.
Juan lleno de felicidad corría impulsado con su vara llena de oscuridad a su primer día de colegio. Juan suspendido en una nube de frenesí se sentó en el banco de la educación; Juan se encontraba en el cielo. ¡Riiin! Sonó el timbre y una fiesta de mariposas pasó a la pista de baile dentro de su estómago; Juan sintió conexión divina. – Ja ja, se escucharon burlas en todo el salón - ¡Un ciego! ¡Un ciego! Era lo único que se entendía entre asesinas palabras de humillación.
Juan regresó con su madre y le pidió por favor lo envíe a un colegio para ciegos; su madre aceptó.
Ahí se encontraba Juan, sentado y lleno de nervios en el asiento de su nuevo colegio. ¡Riiin! Sonó el renovado timbre y Juan escuchó los pasos de sus nuevos compañeros, todo permanecía en calma. – Chicos, tenemos un nuevo compañero, por favor preséntate Juan. Dijo el profesor. – Eh, eh, soy Juan, respondió entre terror. – Este es tímido, nació en forma de susurro en el salón; - Ja ja, comenzaron las burlas de nuevo y lo único que se escuchaba eran sicarios afilando el hacha de la frivolidad.
Juan regresó con su madre y le agradeció por haberle dado la oportunidad de ver el mundo. Juan caminó a su cuarto y entre ideas abstractas decidió migrar a un lugar donde las almas tengan amor y todos vean igualdad y admiren la diferencia. Su madre entre llantos lo despidió y en su cuarto una nota halló:
Madre, te abandono porque cometí un error. Madre, tú me creaste perfecto y el mundo lo envidió tanto que se mostró ante mí. Te quiero, y espero que nunca veas como yo lo hice.
-Juan.
Occidente omnipresente

En el África del siglo XXII todo seguirá igual de hermoso y hasta un poco más cercano a la perfección: Los recursos seguirán abundantes, ya que los podrás encontrar en tu centro comercial más cercano; los animales serán más diversos y nadie destruirá su hábitat, ya que ahora desde el más pequeño herbívoro hasta el peor de los carroñeros corren libres entre praderas de cemento que bordean mirones paisajes; ya no hay discriminación al negro por parte de los forajidos, ya que ahora ellos son los forajidos; y DIOS recordó el olvidado continente, convirtiendo al condenado. Este es el Occiden-rica del siglo XXII.
Caníbal anti-naturaleza

—Come arroz; yo comeré cerdo. —Dijo él, mientras mordía con superioridad la pierna de su hermano.
—La competencia nos devora. —Respondió el mendigo.
Nueva historia

—¿Dónde han vivido ustedes?— Reclama la profesora mientras miraba a los alumnos con desprecio.
—En el presente.— Se oyó entre las caras de incertidumbre.
…Y el mundo siguió escribiendo en un papel en blanco…
Fantasía personal

Un pelo rebelde, cuerpo chico y sonrisa monalisa matan cualquier voluntad.
El mismo personaje revive mi bondad.
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